La criopreservación consiste en reducir la temperatura de células o tejidos a temperaturas muy bajas, con el fin de disminuir el metabolismo del organismo para mantenerlo en condiciones de animación suspendida durante tiempo prolongado.
A esas temperaturas, cualquier actividad biológica, incluidas las reacciones bioquímicas que producirían la muerte de una célula, quedan efectivamente detenidas.
Para ello, se usan crioprotectores que evitan la formación de hielo en el interior de las células.
Este proceso se realiza con éxito desde hace varias décadas para la conservación de distintos tipos de células, como esperma, óvulos, células madre e incluso embriones, conservando su viabilidad biológica y restaurándolos a la vida con éxito después de años de haber sido criopreservados.
Revertir el proceso de criopreservación en un organismo más grande (como un humano) sin causar daño en el proceso aún no es posible con la tecnología existente en el presente.
Sin embargo, la tecnología para lograrlo continua avanzando año con año:
El avance más reciente fué en el año 2024, cuando se logró realizar el primer trasplante exitoso de un riñón de ratón que estuvo en criopreservación durante 100 dias.
Aunque aún no sea posible despertar a las personas criopreservadas, al criopreservar ahora a las personas con condiciones que no pueden ser curadas en el presente, podemos evitar que sufra más daño, hasta que la tecnología médica avance lo suficiente para revertir el proceso de criopreservación sin dañarlos, curar su enfermedad y reparar cualquier daño que haya sufrido previamente. Así como rejuvenecerlos a su edad ideal, en el caso de pacientes de edad avanzada.